Biochar en la práctica | Grupo Operativo SMARTFORESTRY 2
Del pino seco al hoyo de plantación hay un camino con reglas claras: separar bien la madera, secarla, carbonizarla con la llama justa, apagarla con agua y, sobre todo, cargarla de vida antes de llevarla al suelo. Lo explicamos para propietarios forestales, técnicos, empresas y productores de biochar.
Para un propietario forestal, un pino muerto suele ser un gasto: hay que cortarlo, sacarlo o eliminar sus restos. SMARTFORESTRY II quiere demostrar que puede ser también un recurso para el propio monte. Pero no basta con hacer carbón: la forma de preparar el biochar y de aplicarlo decide si ayuda a la planta o la frena. Esta es la secuencia de trabajo que seguirá el proyecto, apoyada en la memoria de diseño del horno y en el manual técnico del Grupo Operativo.

1. Cada parte del árbol, a su mejor destino
El primer paso es separar. La madera de mejor calidad, el fuste sano, seco y sin corteza, puede ir a usos de más valor, como la leña o el pellet. Las ramas y troncos de 3 a 20 cm son la materia prima ideal para el biochar. Y lo más fino, ramillas, acículas y corteza, que daría un biochar con mucha ceniza y se apelmaza en el horno, es justo lo que necesita el mantillo vivo. Así se aprovecha toda la biomasa.
2. Leña seca y del tamaño adecuado
La humedad es la variable que más pesa. El diseño del proyecto fija un máximo del 20 % de humedad, con un objetivo del 15 %, medida con un higrómetro en cada carga, y piezas de 2 a 10 cm. Con leña seca, el horno emite muy poco metano; con un 25 % de humedad o más, las emisiones se multiplican (Lotz et al., 2026).
Conviene descortezar cuando se pueda y no meter acículas. En el pino marítimo, por ejemplo, el fuste tiene un 0,22 % de ceniza, las ramas un 0,62 % y las acículas cerca del 2 % (Viana et al., 2018). Y en nuestros suelos calizos, el enemigo es la ceniza, no el carbono: es la ceniza la que sube el pH y la salinidad del biochar.
3. Carbonizar por capas
En el horno de cortina de llama la madera se carga por capas: se enciende con un pequeño quemador de propano y se añade una capa nueva cada vez que la de arriba se cubre de ceniza blanca, sin sobrecargar, para no apagar la llama (Schmidt y Taylor, 2014). Bajo la llama, el proceso se mantiene a 650-750 °C, que es lo que el proyecto registrará con termopares en cada carga.
Seguridad ante todo: en terreno forestal y en su entorno hace falta autorización de uso del fuego, y nunca se puede trabajar entre el 1 de junio y el 30 de septiembre. Alrededor del horno, franja limpia de vegetación, agua y extintor a mano.
4. Apagar con agua, drenar y cribar
El horno del proyecto se apaga inundándolo desde el fondo. El vapor activa el carbón, que gana superficie y tiene menos hidrocarburos aromáticos que el sofocado (Cornelissen et al., 2016). El agua de apagado es muy alcalina y se drena, sin reutilizarla sobre el biochar. Después se criba a 1-10 mm; los trozos grandes vuelven al siguiente horno.
5. Cargarlo de vida antes de usarlo
El biochar recién hecho es una esponja seca y hay que cargarlo antes de llevarlo al hoyo. El proyecto lo hará de dos formas:
- Co-compostaje, la opción preferida: el biochar entra en la pila de mantillo al montarla, en un 10-20 % del volumen, y sale cargado al terminar el compostaje.
- Mezcla con mantillo maduro, cuando el biochar llega tarde: a partes iguales, húmeda y tapada, durante dos a cuatro semanas.
Está listo cuando no suelta polvo negro y huele a tierra.
6. Al hoyo, mezclado y en dosis moderada
La dosis de referencia es de 2 kg de biochar por hoyo, unos 8 litros, mezclado con la tierra del hoyo, nunca en capa pura, junto a la planta y a una mata nodriza que le dé sombra. Nunca se esparce biochar fresco sobre la regeneración natural.

Lo que vamos a probar
Nada de esto se da por hecho. En las restauraciones piloto se compararán hoyos sin biochar, con biochar y con biochar y compost, en tres formas de preparar el terreno: ahoyado, casillas y microcuencas. Y en las pruebas del horno está previsto comparar dos formas de trabajar con la misma madera: la cortina de llama completa, a 600-750 °C, y un régimen más templado, de 400-500 °C, que algunos usuarios aplican para obtener un biochar de pH más bajo. Se medirán la temperatura, el rendimiento y el humo.
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Referencias
- Cornelissen, G. et al. (2016). Emissions and char quality of flame-curtain «Kon Tiki» kilns for farmer-scale charcoal/biochar production. PLOS ONE, 11(5), e0154617. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0154617
- Lotz, S. et al. (2026). Methane emissions from flame curtain pyrolysis (Kon-Tiki). GCB Bioenergy, 18(4), e70108. https://doi.org/10.1111/gcbb.70108
- Schmidt, H.-P. y Taylor, P. (2014). Kon-Tiki flame curtain pyrolysis for the democratization of biochar production. The Biochar Journal, 14-24.
- Viana, H. F. S. et al. (2018). Evaluation of the physical, chemical and thermal properties of Portuguese maritime pine biomass. Sustainability, 10(8), 2877. https://doi.org/10.3390/su10082877

Proyecto SMARTFORESTRY II, cofinanciado por la Unión Europea a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER), el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, en el marco de la Intervención 7161 del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027 (Grupos Operativos de la AEI-Agri). FEADER: Europa invierte en las zonas rurales.