Tecnología del biochar | Grupo Operativo SMARTFORESTRY 2
Antes de diseñar su horno, SMARTFORESTRY II revisó 66 tecnologías, modelos y proyectos de todo el mundo. Las agrupó en siete familias, de la carbonera tradicional a la planta industrial, y las comparó con diez criterios. Ganó la cortina de llama: no es la que más carbón saca, pero es la única que puede ir hasta la madera, trabajar en pocas horas y fabricarse en un taller.
Hacer carbón vegetal es un oficio antiguo: las carboneras, montones de leña cubiertos de tierra que ardían lentamente durante días, formaron parte de la vida en muchos montes. Hoy existen muchas más formas de carbonizar la madera, desde pequeños bidones hasta plantas industriales. Para elegir la adecuada, el equipo de la acción B2 de SMARTFORESTRY II revisó 66 fichas de tecnologías, modelos y proyectos con fuente comprobada: 29 hornos abiertos de cortina de llama, 29 hornos cerrados, de cortina de aire, continuos e industriales, 7 proyectos españoles y europeos, y la guía del IFAPA sobre sistemas de producción de biochar.

Siete familias, siete formas de hacer biochar
El rendimiento indica cuántos kilos de biochar se obtienen por cada 100 kilos de madera seca.
- Pila o carbonera. No necesita equipo, pero solo saca de 3 a 5 kilos por cada 100 y emite mucho humo. No es un prototipo.
- Cortina de llama (tipo Kon-Tiki). Recipiente abierto de acero que se carga por capas. Rinde del 15 al 22 %, pesa entre 90 y 820 kilos según el modelo y cuesta desde unos 30 euros, en diseños de construcción propia, hasta varios miles en los modelos comerciales.
- TLUD y bidones. Muy manejables y con un rendimiento del 15 al 20 %, pero de unos 200 litros por unidad: no llegan al volumen que necesita el proyecto.
- Retorta por lotes. Horno cerrado, la familia que más rinde, del 25 al 42 %. A cambio, su referente más cercano tarda unas 8 horas por ciclo y pesa más de una tonelada.
- Cortina de aire. Equipos de 8,8 a 43 toneladas, con rendimientos del 4 al 17 %. Fuera de escala para el monte.
- Continua en contenedor. Rinde del 10 al 35 %, pero necesita astilla seca y electricidad.
- Planta industrial. Del 20 al 25 %, fija y pensada para un centro logístico, con inversiones de millones de euros.
Diez criterios para decidir
Cada familia se puntuó con diez criterios tomados de la memoria técnica del proyecto, de los requisitos del Grupo Operativo y de las bases de la ayuda: volumen y duración del ciclo, rendimiento y calidad, movilidad en el monte, coste, fabricación en un taller como desarrollo propio, seguridad, capacidad para trabajar con madera en rollo y ramas sin astillar, emisiones, control de la temperatura y coherencia con la memoria. Se usaron dos juegos de pesos: uno centrado en el trabajo en el monte y otro en la lectura literal de la memoria técnica.
La cortina de llama ganó en los dos: 80 y 75 puntos sobre 100. La retorta obtuvo 61 y 67, y el resto de familias quedó por debajo.
Por qué la cortina de llama
Su principio es sencillo: la llama de la superficie consume los gases y el humo que desprende la madera que se está carbonizando debajo y, a la vez, impide que el aire llegue al carbón, que así no se quema (Schmidt y Taylor, 2014). Es la única familia que reúne a la vez:
- 2 m³ de carga en unas tres o cuatro horas, frente a las ocho de una retorta.
- Un peso compatible con el tractor de los socios.
- Fabricación en un taller de calderería, con un coste de unos miles de euros.
- Menos monóxido de carbono por kilo de biochar que las retortas: 54 frente a 148 gramos (Cornelissen et al., 2016).
La retorta tiene ventajas reales: rinde más y no tiene llama abierta. Pero no cumple el ciclo de cuatro horas, no se mueve con el tractor y su coste multiplica el presupuesto disponible. Además, el European Biochar Certificate exige que los gases de una retorta pasen por una cámara de combustión propia, lo que añade hogar, chimenea y control del aire.
Una tecnología probada, con deberes pendientes
El principio de la cortina de llama lo popularizó el horno Kon-Tiki, publicado en 2014 por el Ithaka Institute, de Suiza, y hoy lo usan agricultores y gestores forestales de muchos países. La ciencia ha medido sus emisiones y la calidad de su biochar, y ha comprobado que, con leña seca, emite muy poco metano (Lotz et al., 2026).
Quedan cuestiones que el proyecto tendrá que resolver: no hay ningún ensayo publicado de cortina de llama con pino carrasco, y el rendimiento del 25 % que pide la memoria técnica está en el límite de lo que da esta tecnología. Ambas cosas se medirán en las pruebas del prototipo. Cómo es ese prototipo, y por qué tiene forma de artesa, lo contamos en la siguiente noticia.
Referencias
- Cornelissen, G. et al. (2016). Emissions and char quality of flame-curtain «Kon Tiki» kilns for farmer-scale charcoal/biochar production. PLOS ONE, 11(5), e0154617. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0154617
- Lotz, S. et al. (2026). Methane emissions from flame curtain pyrolysis (Kon-Tiki). GCB Bioenergy, 18(4), e70108. https://doi.org/10.1111/gcbb.70108
- Schmidt, H.-P. y Taylor, P. (2014). Kon-Tiki flame curtain pyrolysis for the democratization of biochar production. The Biochar Journal, 14-24.
- GO SMARTFORESTRY II (2026). Acción B2.1. Memoria de diseño del prototipo para la creación de biochar, anexo I: revisión tecnológica y matriz de decisión.

Proyecto SMARTFORESTRY II, cofinanciado por la Unión Europea a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER), el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, en el marco de la Intervención 7161 del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027 (Grupos Operativos de la AEI-Agri). FEADER: Europa invierte en las zonas rurales.




